-¿Por qué llueve, joder? y, ahora ¿qué me pongo mañana? Pensó mientras se daba la vuelta en la cama buscando la postura correcta para conseguir dormirse y llenar ese gran vacío. Miró el reloj que tenía en su mesilla de noche y comprobó que era mucho más de lo que ella pensaba y que quedaba poco para empezar la rutina, eso la agobiaba aún más.
Sonó el despertador (¡y de qué manera!) por fin había dormido 3 horas del tirón, algo que le llevaba costando bastante trabajo durante la última semana. Se levantó con el pie izquierdo, como de costumbre y pensó qué ponerse para el día de hoy. -¿Botas altas o manoletinas?, ¿será el gran día?, ¿lo veré por fin? Miles de preguntas nublaban su mente y eso le hizo olvidar que había dejado puesta la cafetera y el café empezó se desparramó por toda la cocina.
-¿Ya la estás liando de nuevo? Vaya manera de empezar la semana, ¿no?, por cierto... ¡Buenos días! Vaya nochecita que me has dado, no parabas de moverte en la cama y ya sabes que se oye todo, menos mal que has pasado la noche sola, ¿eh, pillina? Tina, su compañera de piso, era pesada hasta decir basta. ¿Cómo una persona puede despertarse tan elocuente? Desde luego que no es normal. La comida que compraba en aquella tienda de productos ecológicos debía de traer algo raro que la estaba dejando un poco "tocada".
-¿Manoletinas? mejor no... nunca le gustaron y además, llueve. Ah si Tina, ¡Buenos días! ¿Serías tan amable de prepararme un café? Sé de sobra que soy un desastre en la cocina, pero... por favor no le vayas a echar productos de esos raros tuyos, no quiero despertarme un día hablando tanto como tú, ¡gracias! Sin quererlo, Tina le había recordado que esa noche también había dormido sola. Se dio cuenta que no era la primera, ni que sería la última.
De repente y sin darse cuenta ya estaba en la calle, de camino a su trabajo. Como normalmente, con la hora justa, picó al entrar en la redacción y saludó al resto de sus compañeros. Últimamente las cosas no iban bien en el periódico y eso se notaba en el ambiente.
...Continuará