sábado, 29 de octubre de 2011

Esa noche...

Sabía que no ese no sería el día adecuado, ni la hora adecuada y, mucho menos, el sitio adecuado. Estaba totalmente convencida de que tus manos no me tocarían ese día. No me des explicaciones, no las necesito ni tampoco quiero oírlas, ya sé de sobra como eres. Esa noche no me harías estremecer desde la punta de los dedos los pies hasta mi última neurona, tampoco me pondrías la piel de gallina, ni me dejarías sin aliento. Tú no, pero quizás otro esa noche, sí.

domingo, 16 de octubre de 2011

Maldita memoria.

Ojalá todo fuera tan fácil. Te borré, te eliminé y bloqueé de todos los sitios de donde pude, creo que aún falta uno. Uno mucho más complejo que el resto y que entiende de sentimientos. Que no lo hago porque no quiera, sino porque no puedo. Aún no he encontrado el botón exacto para hacerte desaparecer.

Llevo ya cuatro años estudiando psicología y creo que algo entiendo de ese sistema, de ese ordenador tan complejo con tantas cajas y filtros. Si estudiase informática quizás sería más simple borrarte de mi vida, porque la ciencia es exacta, cosa que mi futura disciplina no. Que si estás ahí será por algo, porque no es otro, sino tú. Que te ganaste mi cariño y mi atención y luego desapareciste, para luego volver, pero no como yo quería.

Sin quererlo muchas veces andas por ahí, pululando en mis pensamientos, ¿por qué? Que me gustaría saber cómo estás y cómo te va todo, pero me siento incapaz porque en el momento que te deje entrar en mi vida de nuevo, sé qué va a pasar, que me acuerdo de lo bueno y de lo que más me duele. Que me muero por ganas de perdonarte, pero sería traicionarme a mí misma.

Que intento olvidarte y ando perdida buscando una salida. Que busco un poco de oxígeno para poder respirar y de nuevo, apareces en mi mente contaminándolo. Ya está bien, ¿no? ¿Cuándo se va a acabar este juego?