sábado, 29 de octubre de 2011

Esa noche...

Sabía que no ese no sería el día adecuado, ni la hora adecuada y, mucho menos, el sitio adecuado. Estaba totalmente convencida de que tus manos no me tocarían ese día. No me des explicaciones, no las necesito ni tampoco quiero oírlas, ya sé de sobra como eres. Esa noche no me harías estremecer desde la punta de los dedos los pies hasta mi última neurona, tampoco me pondrías la piel de gallina, ni me dejarías sin aliento. Tú no, pero quizás otro esa noche, sí.

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